Nara fue el corazón político y religioso del Japón antiguo, y una de sus primeras capitales históricas. Hoy es un destino imprescindible por la extraordinaria conservación de sus templos, santuarios y ruinas, que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1998.La ciudad combina historia y vida moderna, con instituciones educativas destacadas como su universidad y escuela de medicina, además de una economía basada en la artesanía, la industria textil y la alimentación tradicional.